REVISTA AMIGOS DEL ROMANICO Nº 33

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El Arte Románico dedicó especial atención a la escultura en la concepción de su plástica. Lo hizo comprendiendo la importancia que tendría para enriquecer la arquitectura que trataba de ocupar. Los primeros ensayos del Primer Arte Románico resultaron significativos en la poca atención que se le había prestado. Prueba de ello son los escasos ejemplos de escultura en esa época, si exceptuamos los realizados en las fachadas de Saint Genis les Fonts, San Andreu de Sureda y Sta Mª de Arles, como ya señalamos, con interesantes dinteles, pero muy alejados de los modelos posteriores. Habría que esperar a los finales del siglo XI para empezar a ver obras escultóricas de alcance en el románico español. Aparecen en las emblemáticas iglesias de la catedral de Jaca, en la de San Martín de Frómista y en la catedral de Santiago, así como serían de esperar en los edificios no presentes que se desarrollaron en esas cronologías, entre los que habría que contar con las desaparecidas iglesias de Cardeña, Silos, las catedrales de Burgos o Astorga, que debían configurar un conjunto notable de la escultura románica en el Segundo Arte Románico, de plenitud y madurez de formas a juzgar por lo conservado. No sólo sería la etapa de introducción, aparición y asentamiento, sino de brillantez histórica o heroica que nos conduciría al resultado final del Estilo 1200. Es ahora cuando se va a recomponer la estatuaria románica intentando reverdecer cánones de la antigüedad clásica con la recuperación del capitel corintio, lleno de hojas de acanto en sus formaciones vegetales, y las distintas figuraciones humanas encajadas en esas formas cónicas, o las de su presencia en fachadas y relieves. Se notará el clasicismo de los maestros que beben de las artes suntuarias, de las placas y los sarcófagos antiquizantes que la historia y los lugares ponían a su disposición. Dentro de las nuevas realidades escultóricas habrá edificios y maestros que inundarán zonas determinadas y fábricas concretas con sus impulsos y modos de hacer. Sucede con el maestro de Jaca que posteriormente actúa en Frómista, o el maestro de San Juan de la Peña que tendrá influencia en las obras aragonesas cercanas a ese monasterio como en Ejea de los Caballeros, Santiago de Agüero, o en el claustro de la catedral de Huesca. El maestro Mateo sufrirá la copia de la puerta oeste, o del Paraíso, de la catedral de Orense, al tiempo que extiende su impronta sobre otras obras de Galicia como la iglesia de San Juan de Portomarín, resultado más importante de esa influencia. Se cierra así el panorama del final del siglo XI y mitad del siglo XII, con la excepción cronológica de lo ya admitido para el maestro Mateo.

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